Estados Unidos. El Pentágono está impulsando una ambiciosa estrategia militar que busca convertir sus principales bases en auténticas fortalezas capaces de resistir hasta 90 días sin depender de infraestructuras ni suministros externos, en medio de las crecientes preocupaciones por posibles guerras, sabotajes y ataques cibernéticos contra instalaciones estratégicas.
La iniciativa, denominada FORTRESS America, fue anunciada el 30 de septiembre de 2026 por el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, y pretende reducir las vulnerabilidades que podrían dejar paralizadas las operaciones militares estadounidenses ante una crisis de gran escala.
El plan contempla garantizar reservas estratégicas de combustible, municiones, piezas de repuesto, propulsores y otros materiales esenciales, además de fortalecer el suministro independiente de electricidad, agua y comunicaciones.
Uno de los aspectos más llamativos fue expuesto por Dale Marks, subsecretario de Guerra para Energía, Instalaciones y Medio Ambiente, quien informó que el Pentágono contempla una reserva soberana de 90 días para componentes y suministros militares críticos, junto con la capacidad de mantener instalaciones operativas durante 30, 60 o incluso 90 días sin electricidad de redes externas.
Para conseguirlo, Estados Unidos estudia implementar microrredes eléctricas, almacenamiento de baterías, generación de energía independiente y reactores nucleares modulares, tecnologías que permitirían mantener funcionando centros de mando, sistemas de comunicación y otras instalaciones esenciales aunque colapse la infraestructura eléctrica civil.
La preocupación no es menor: un ataque cibernético, un sabotaje o una guerra de gran escala podrían afectar simultáneamente las redes eléctricas, el suministro de agua, las comunicaciones y las cadenas logísticas de las que dependen las fuerzas armadas.
Con FORTRESS America, Washington busca evitar que sus adversarios puedan paralizar su capacidad militar atacando infraestructuras civiles de las que dependen sus instalaciones.
La estrategia representa un cambio importante en la planificación de la defensa estadounidense: prepararse para que sus principales instalaciones militares puedan continuar operando incluso si el país enfrenta una interrupción prolongada de sus servicios y suministros esenciales.
